¿A quién recurrir?

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

En un momento de gran dificultad podemos actuar de diferentes maneras, pedir ayuda, tratar de resolver el problema nosotros mismos o no hacer nada. Se vuelve más apremiante la situación cuando nuestra vida está en peligro. ¿A quién recurrir cuando nos sentimos solos y desamparados? Por la fe le pediríamos al Señor que nos ayude; muchas otras veces Dios se sirve de gente para ayudarnos y, humanamente, le pediríamos ayuda a quien sabe.

Una vez un hombre se quedó atrapado en el techo de su casa durante una inundación. Confiando en que Dios mismo lo salvaría tomó la resolución de que se quedaría ahí hasta que Él llegara. Llegaron unos rescatistas en una lancha, pero él les dijo no se iría con ellos porque estaba seguro de que alguien más vendría por él; después llegaron unas personas en un helicóptero porque el agua había subido, pero no quiso ir con ellos tampoco; al final vio una rama que flotaba cerca de donde él estaba que le ayudaría a mantenerse flotando, pero se quedó esperando a Dios. Murió y cuando llegó al cielo no se pudo contener y le recriminó a Dios el hecho de que no había ido a salvarlo, pero Él le dijo que sí había escuchado su oración y que de hecho le mandó unos rescatistas, un helicóptero y una rama de un árbol, pero él no los aceptó.

La tarea de reconocer a Dios en nuestras vidas no es fácil y, sobre todo, en momentos difíciles, hace falta una fe que vea más allá de las apariencias y descubre que hay Alguien siempre presente en nuestras vidas que nos cuida. Cristo sale al encuentro y nos invita a seguirlo en el camino que Él ha tomado. Este camino no se puede recorrer solo, se necesita, antes que nada, confianza en Dios y en uno mismo, porque nos pueden llegar dudas si seremos capaces de ir detrás de Jesús que está ahí para sacarnos de problemas y levantarnos cuando hayamos caído. Con la vista puesta en Cristo, no podemos dudar que seremos capaces de llegar a Él para que descubramos el tesoro escondido que llevamos con nosotros y más aún el tesoro preciado que somos. Estar con Cristo nos ilumina para vernos como nos ve Dios. Dejemos que Cristo entre en nuestras vidas, también a través de las personas que Él quiere.

«Durante este tiempo de pandemia muchos de ustedes me compartieron, por correo electrónico o teléfono, lo que significaba esta imprevista y desconcertante situación. Así, sin poder salir y tomar contacto directo, me permitieron conocer “de primera mano” lo que vivían. Este intercambio alimentó mi oración, en muchas situaciones para agradecer el testimonio valiente y generoso que recibía de ustedes; en otras, era la súplica y la intercesión confiada en el Señor que siempre tiende su mano. Si bien era necesario mantener el distanciamiento social, esto no impidió reforzar el sentido de pertenencia, de comunión y de misión que nos ayudó a que la caridad, principalmente con aquellas personas y comunidades más desamparadas, no fuera puesta en cuarentena. Pude constatar, en esos diálogos sinceros, cómo la necesaria distancia no era sinónimo de repliegue o ensimismamiento que anestesia, adormenta o apaga la misión».
(Carta de S.S. Francisco, 30 de mayo de 2020).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Rezar con todo mi corazón, «Jesús, en ti confío».

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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