Aprender a dar y recibir el perdón

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Hoy me hablas del perdón y la reconciliación. Es de verdad importante para el seguidor tuyo aprender a perdonar y, sobre todo, a pedir perdón.

Pedir perdón es muestra de humildad ya que implica reconocer el error y, en cierta medida, rebajarse al otro y pedir algo que se necesita de él. El perdón cristiano es el que he podido aprender de Ti, un perdón humilde, sencillo, generoso, sin importar el tamaño de las ofensas, que no mide el pecado sino que mide el amor.

Pedir perdón al hermano es más fundamental antes de presentarse de nuevo ante Ti. Es como aquellos hermanos que pelean pero luego, ante la presencia de los padres, se piden perdón y se reconcilian.

En este pasaje me invitas al perdón, a olvidar los rencores, a dar el primer paso antes aquellas ofensas del pasado que nadie se ha atrevido a perdonar o pedir perdón. Me llamas a seguir tu ejemplo de delicadeza en el trato con mis hermanos, los hombres, a evitar los insultos, las palabras ofensivas, recriminatorias, o falsas.

Dame la gracia, Señor, de aprender a perdonar y recibir perdón como Tú me pides.

Respecto al mandamiento “no matarás”, Él afirma que es violado no solo por el homicidio efectivo, sino también por esos comportamientos que ofenden la dignidad de la persona humana, comprendidas las palabras injuriosas. Claro, estas palabras injuriosas no tienen la misma gravedad y culpabilidad del asesinato, pero se ponen en la misma línea, porque se dan las premisas y revelan la misma malevolencia. Jesús nos invita a no establecer una clasificación de las ofensas, sino a considerarlas todas dañinas, en cuanto son movidas por el intento de hacer el mal al próximo. Y Jesús pone el ejemplo. Insultar: nosotros estamos acostumbrados a insultar, es como decir “buenos días”. Y eso está en la misma línea del asesinato. Quien insulta al hermano, mata en su propio corazón a su hermano. Por favor, ¡no insultéis! No ganamos nada….
(Homilía de S.S. Francisco, 12 de febrero de 2017).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy procuraré disculpar las ofensas que otros me puedan causar.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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