Confía en mí


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Muy estimada alma:

Hoy mandé a mis discípulos de dos en dos. Les pedí que no llevaran sandalias extras, ni túnicas, aunque sabía que el camino era largo. Los mandé sin alforja, ni dinero, aunque sabía que muchos no los acogerían y sentirían hambre. Los mandé con bastón, no con caballos ni camellos. ¿Qué por qué los mandé tan desamparados? No los mandé solos. Yo iba con ellos.

Lo único que quería hacerles ver es que sólo me necesitan a mí. No llevaban ni pan ni dinero, pero encontrarían gente que, no obstante estar harta de manjares, llevaba el alma famélica y hambrienta de un amor verdadero. Los mandé sin sandalias para que supieran caminar, escuchar, ser acompañados y acompañar. Iban de dos en dos, aunque con cada uno de ellos iba Yo. Los guie, acompañé, y jamás los dejé solos.

No les pedí que llevaran libros de teología, ni doctorados en Biblia, lo único que les pedí es que confiaran en mí. Y mira los resultados. Regresaron contentos de haber alimentado la verdadera hambre de las personas, habiendo aprendido a ser compañeros de los que se sienten solos en medio de las más grandes multitudes.

Regresaron transformados, luego de haberme permitido transformar numerosos corazones a través de ellos… y lo mismo quiero hacer contigo.

No te preocupes si muchas veces no entiendes lo que te pido. Confía en mí. Quiero tocar muchos corazones y transformar realidades por tu medio… Sólo te pido que confíes en mí. No tengas más seguridad que mi amor que jamás te dejará, pase lo que pase.

¿Puedo contar contigo?

Atte. Jesús

«El discípulo misionero tiene antes que nada su centro de referencia, que es la persona de Jesús. La narración lo indica usando una serie de verbos que tienen Él por sujeto —“llama”, “comenzó a mandarlos”, “dándoles poder”, “ordenó”, “les dijo”—, así que el ir y el obrar de los Doce aparece como el irradiarse desde un centro, el reproponerse de la presencia y de la obra de Jesús en su acción misionera. Esto manifiesta cómo los apóstoles no tienen nada propio que anunciar, ni propias capacidades que demostrar, sino que hablan y actúan como “enviados”, como mensajeros de Jesús. […] La segunda característica del estilo del misionero es, por así decir, un rostro, que consiste en la pobreza de medios. Su equipamiento responde a un criterio de sobriedad. Los Doce, de hecho, tienen la orden de “que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja”. El Maestro les quiere libres y ligeros, sin apoyos y sin favores, seguros solo del amor de Él que les envía, fuerte solo por su palabra que van a anunciar. El bastón y las sandalias son la dotación de los peregrinos, porque tales son los mensajeros del reino de Dios, no gerentes omnipotentes, no funcionarios inamovibles, no divas de gira.»
(Homilía de S.S. Francisco, 15 de julio de 2018).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

El día de hoy voy a buscar confiar en Jesús compartiendo con alguien un versículo del Evangelio de hoy.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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