Consolar para ser consolado

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

1. Jesús profundamente conmovido…
Seguramente en algún momento de nuestras vidas hemos experimentado abandono, soledad o incluso, por qué no, traición, y con gran dolor si ésta ha sido causada por una persona querida o cercana a nosotros. Cuánto sufrimiento provoca el abandono o la traición de la persona en la que teníamos puesta tanta confianza. Jesús, en la noche de la última cena con sus discípulos, sintió este abandono, esta traición, de aquellos a los que Él más amaba.

2. Apoyarse en el corazón de Cristo.
Normalmente somos nosotros los que acudimos a Dios en momentos difíciles para que Él nos consuele; en nuestros momentos de tribulación solemos recurrir al Padre para que nos tome en sus brazos y nos susurre al oído: «No te preocupes, todo saldrá bien.» Sin embargo, ahora es Dios mismo quien quiere ser consolado; Dios, quien no necesita de nadie ni nada, se ha despojado de su omnipotencia y omnisuficiencia para que le podamos abrazar y consolar.

Sólo consolando a Dios podemos encontrar nuestra propia consolación; sólo compartiendo los sentimientos de Aquel que ha dado la vida por nosotros seremos capaces de dejar atrás nuestros pecados, traiciones y abandonos. Sólo apoyándonos en su pecho podremos sentir ese corazón que tanto nos ama y que derramaría hasta la última gota de sangre por nosotros. Sólo conmovidos por tal amor consolaremos la fuente de toda consolación.

«Judas el Iscariote, otro elegido por el Señor que vende y entrega a su maestro a la muerte. David el pecador y Judas Iscariote siempre estarán presentes en la Iglesia, ya que representan la debilidad que forma parte de nuestro ser humano. Son iconos de los pecados y de los crímenes cometidos por personas elegidas y consagradas. Iguales en la gravedad del pecado, sin embargo, se distinguen en la conversión. David se arrepintió, confiando en la misericordia de Dios, mientras que Judas se suicidó. Para hacer resplandecer la luz de Cristo, todos tenemos el deber de combatir cualquier corrupción espiritual, que es peor que la caída de un pecador, porque se trata de una ceguera cómoda y autosuficiente donde todo termina pareciendo lícito: el engaño, la calumnia, el egoísmo y tantas formas sutiles de autorreferencialidad, ya que “el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz”. Así acabó sus días Salomón, mientras el gran pecador David supo remontar su miseria»
(Discurso de S.S. Francisco, 21 de diciembre de 2018).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Trataré de ser consuelo para Cristo aumentando mis visitas a la Eucaristía, reconociendo mis caídas confiaré en su misericordia.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

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