Hagan lo que El les dice.

La solemnidad de las Mercedes, que significa (Don, misericordia, regalo), nos presenta un evangelio muy especial: Jesús y su madre en una boda. Tenemos en escena un novio y un mayordomo de los cuales no se dan detalles ni referencias ningunas, son totalmente anónimos. De los únicos que sabemos algo, aparte de Jesús y su madre, es de los discípulos. ¿De que boda se nos habla entonces que tenga tanta importancia?

En la Biblia la relación de Dios y su pueblo se presentaba como un desposorio. Jesús en varias narraciones evangélicas se presentaba como el novio a quien se estaba esperando y, además, en algunas parábolas comparaba el Reino que vino a traer con un banquete de bodas.

¿No serían Jesús y María los nuevos novios quienes, como Adán y Eva, vienen a llenar de sentido y de alegría la vida vacía de los Israelitas y de la humanidad? María es el medio, el instrumento para hacer llegar el vino nuevo que Dios dejó para último. La frase emblemática de María: ¨Hagan lo que él les diga¨, nos recuerda que Israel nuca hizo lo que Dios le dijo, sólo ella lo hizo, por eso, está llamada a guiar a los discípulos hacia el verdadero seguimiento. María fue la esclava, un esclavo sólo hace lo que su señor le diga; exactamente eso fue lo que ella hizo.

María con su obediencia, nos enseña a liberarnos del pecado que se introduce por la desobediencia de los hombres al espíritu de Dios. A través de ella, Jesús vino a desposarse con toda la humanidad. Así como Jesús se encarnó en María haciéndose con ella una sola carne, también nos invita a nosotros a entrar con él en ese desposorio a través de la eucaristía, que es el banquete de bodas suyo con todos los que lo acepten. En la eucaristía nos hacemos una sola carne con él, como le sucedió a María.

Este es el don maravilloso que hoy celebramos, la misericordia de Dios se ha puesto a merced de todos los hombres.

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