Jesús fuente de paz

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

¡Si en este día comprendieras tú lo que puede conducirte a la paz! Hagamos propias las palabras que Jesús dice al contemplar a Jerusalén; deja que te mire a ti a los ojos y te diga estas palabras, deja que ellas resuenen en tu corazón.

Pasa un día, otro y otro. Nuestra vida es un constante peregrinar. Cada día vamos de un lugar a otro. A veces incluso tenemos que correr un poco para llegar a tiempo, nuestra agenda está llena de citas y de tareas por cumplir. Nuestro celular vibra constantemente, a la puerta se escucha alguien venir y pronto nuestro corazón se nos abruma envuelto entre tantas cosas.

En nuestro corazón existe un modo que, cuando queramos, podemos activar, se llama «modo no molestar», ¡sí! Dios nos ha dado la oportunidad de parar cuando queramos y dejar todo lo que nos abruma para estar a solas con Él. Como nuestro celular, no nos vendría nada mal activarlo de vez en cuando.

Si tan solo conociéramos lo que nos trae la paz y cuánto bien nos hace estar en paz. Jesús está en cualquier lugar y en cualquier parte, aunque muchas veces oculto, pero allí está. Te espera a ti y a mí, espera a que pausemos un poco y charlemos con Él; y cuando charles con Él pídele que te ayude a saber, de entre todo aquello que tienes y quieres hacer, que es lo mejor para ti.

Jesús te invita a buscar la paz y una vez que encuentres la paz, quédate allí, recurre a ella constantemente, pues será de allí de donde tu alma encontrará la fuerza y la energía que necesitas para llevar a cabo todas tus tareas. ¡No tengas miedo a desconectarte! Dale al dueño del tiempo poquito de tu tiempo y veras como Él no se dejará ganar en generosidad y paz. Y recuerda siempre que Dios creó el tiempo, pero tú y yo, las preocupaciones y las prisas. Anda, para un poco y deja que Jesús te vuelva la paz, y cuanta más paz necesites cuanto más tu alma tendrá necesidad de Dios.

¡Jesús, fuente de paz, ven a mi vida!

«Cuántas personas a nuestro lado viven apuradas, esclavas de lo que debería ayudarles a sentirse mejor y olvidan el sabor de la vida: la belleza de una familia grande y generosa, que llena el día y la noche, pero que expande el corazón, la luminosidad que está en los ojos de los niños, que ningún teléfono inteligente puede dar, la alegría de las cosas sencillas, la serenidad que da la oración. Lo que nuestros hermanos y hermanas nos piden a menudo, tal vez sin poder hacer la pregunta, corresponde a las necesidades más profundas: amar y ser amados, ser aceptados por lo que uno es, encontrar la paz del corazón y una alegría más duradera que el entretenimiento. Hemos experimentado todo esto en una sola palabra, y más aún en una sola persona, Jesús. Nosotros que, aunque frágiles y pecaminosos, hemos sido inundados por el río de la bondad de Dios, tenemos esta misión: encontrarnos con nuestros contemporáneos para hacerles conocer su amor. No tanto enseñando, nunca juzgando, sino haciéndonos compañeros de camino».
(Discurso de S.S. Francisco, 21 de septiembre de 2019).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Activar mi «modo no molestar» y hablar un ratito con Dios.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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