Jesús se le quedó mirando con cariño


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

A veces nos damos cuenta cuando alguien nos mira con amor. ¿Recuerdas alguna de esas miradas? Hay algo en ellas que da alegría, seguridad y aliento. Pero para que una mirada nos toque, tenemos que conocer que somos mirados. Precisamente a eso nos invita Jesús en este pasaje del Evangelio: a darnos cuenta de que Él nos mira con gran cariño.

Pero al parecer hay un problema para esto. No vemos a Jesús. ¿Cómo nos daremos cuenta de que nos mira con amor, si no lo vemos? Es aquí cuando necesitamos pedir fe a nuestro Señor. Fe para creer que Él nos ve desde la Eucaristía, donde se quedó para poder ser uno con nosotros cuando comulgamos. Fe para creer que Él nos mira desde la cruz, donde no dudó en dejarse clavar para perdonar nuestros pecados, y darnos la vida nueva en su Espíritu. Para creer que es Él quien nos mira en la confesión, cuando, lleno de alegría, limpia nuestras almas de la suciedad de nuestros pecados, y las llena con su gozo, paz y gracia. Jesús nos mira con amor en cada persona que nos ama, pues Dios es amor (1 Jn 4,8). Sólo podemos amar de verdad si primero hemos sido amados. Señor, aumenta mi fe. Que me dé cuenta hoy de tu mirada llena de cariño. Que me deje mirar sin ocultar nada, porque Tú me amas, así como soy. Que descubra que me amas, y que ese amor me mueva a amarte y a amar a mis hermanos.

«Sucede que muchas veces vemos los telediarios o la portada de los periódicos, las tragedias… pero mira, en ese país los niños no tienen qué comer; en aquel país los niños hacen de soldados; en ese país las mujeres son esclavizadas; en aquel país… ¡oh, qué calamidad! Pobre gente… Pero después cambio de página y paso a la novela, a la telenovela que viene después. Y esto no es cristiano. ¿Soy capaz de tener compasión, de rezar?, cuando veo estas cosas que me llevan a casa a través de los medios, la televisión… ¿Se mueven las vísceras? El corazón palpita con esa gente, o siento pena, digo “pobre gente”, y después, ¿termina ahí? Y si nos damos cuenta de esto, debemos pedir la gracia: “Señor, dame la gracia de la compasión”.»
(Homilía de S.S. Francisco, 19 de septiembre de 2017, en santa Marta).

Diálogo con Cristo 

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy voy a visitar a Jesús en la Eucaristía y estaré con Él en silencio unos minutos, para dejar que me mire con su mirada llena de cariño. Si lo necesito, voy a buscar la oportunidad de confesarme.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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