Meditación del retiro de Cuaresma del Papa: Así ayudan las lágrimas a llegar a Dios

Este miércoles 20 de febrero la meditación de los ejercicios espirituales del Papa Francisco y la Curia Romana, que se están celebrando en la Casa Divino Maestro de la localidad italiana de Ariccia hasta el próximo viernes 23 de febrero, se centró en el sentido de las lágrimas en la vida del hombre y su relación con Dios.

En la meditación, pronunciada por el sacerdote portugués P. José Tolentino Mendonça, se explicó que “las lágrimas dicen que Dios se encarna en nuestra vida, en nuestros fracasos, en nuestros encuentros”.

“En los Evangelios, también Cristo llora. Jesús se reviste de nuestra condición, se hace uno de nosotros, y por esto nuestras lágrimas están englobadas en las suyas. Las lleva con Él verdaderamente. Cuando llora recoge y asume solidariamente todas las lágrimas del mundo”.

El P. Tolentino Mendonça indicó que “nuestra biografía puede resumirse también por medio de las lágrimas: de alegría, de fiesta, de emoción luminosa; y también de noche oscura, de laceración, de abandono, de arrepentimiento y de contrición”.

“Pensemos en nuestras lágrimas –continuó–, y también en aquellas que no se han derramado, que se han quedado como un nudo en la garganta, y cuya ausencia queda luego como algo que nos pesa. El dolor de esas lágrimas que no se han llorado. Dios las conoce todas y las acoge como una oración. Por lo tanto, tengamos confianza. No se las escondamos a Él”.

Por último, el P. Tolentino Mendonça se refirió a la mujer que llora y lava los pies de Jesús con sus lágrimas. Destacó que muchas veces se establece una distancia crítica con la religiosidad popular, la cual se expresa con abundancia de lágrimas.

Señaló que, en ocasiones, a los pastores les puede resultar complicado percibir la religiosidad de lo simple, basada no en ideas, sino en gestos. Sin embargo, en otras ocasiones se puede vivir de manera aséptica. “Es esa inédita hospitalidad –expresada por la mujer con sus lágrimas– la que Jesús pretende exaltar. Esa sed de la cual las lágrimas son signo, y que nosotros debemos aprender”, concluyó.

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