Mi puerta

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Cristo es el pan de la vida y todos nosotros lo sabemos; sabemos que es Él a quién necesitamos para tener una verdadera vida, pero la pregunta es, ¿cómo tengo al pan de vida? La respuesta nos la da el mismo Señor, «el que viene a mí».

Para estar cerca del Señor solo debo ir, solo debo avanzar paso a paso para obtener el pan de la vida. No es algo que se me impone, es alguien a quién busco, no porque debo, sino porque lo necesito, está en mí tenerlo. Sin este pan tendré siempre hambre, sin Cristo no tendré una vida plena.

¿Pero cómo son estos pasos? Acercarme a Cristo es en cierto modo difícil porque no son pasos físicos sino pasos espirituales; el poseer el pan de la vida es un recorrer un sendero espiritual personal. Y los pasos no son ir a misa, rezar el rosario, leer la Biblia, ayudar al prójimo, ¡no! Los pasos consisten en hacer todo eso con amor; el alma que está amando es el alma que está caminando hacia Cristo.

El cristiano debe amar a Dios en todo lo que hace, vivir la Santa Misa con la consciencia de que ama y es amado, rezar a Dios con la certeza de que está amando y está siendo amado, ayudar al prójimo para estar con Dios.

¡Amemos hoy a Dios! Caminemos hacia el pan de la vida y no pasaremos hambre y sed, porque tendremos todo, tendremos a Dios.

«Este pan de vida, sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, viene a nosotros donado gratuitamente en la mesa de la eucaristía. En torno al altar encontramos lo que nos alimenta y nos sacia la sed espiritualmente hoy y para la eternidad. Cada vez que participamos en la santa misa, en un cierto sentido, anticipamos el cielo en la tierra, porque del alimento eucarístico, el Cuerpo y la Sangre de Jesús, aprendemos qué es la vida eterna. Esta es vivir por el Señor: «el que me coma vivirá por mí» (v. 57), dice el Señor. La eucaristía nos moldea para que no vivamos solo por nosotros mismos, sino por el Señor y por los hermanos. La felicidad y la eternidad de la vida dependen de nuestra capacidad de hacer fecundo el amor evangélico que recibimos en la eucaristía.»
(Ángelus de S.S. Francisco, 19 de agosto de 2018).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Dar hoy un paso hacia Dios, vivir la misa o mi oración con la consciencia que estoy amando a Dios.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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