Mi resurrección

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Hay una diferencia entre la vida que tengo desde hace unos pocos años para acá con la que llevaba. A pesar de que nunca hice una cosa grave, socialmente hablando, no puedo decir que era una muy buena persona, tenía mis cosas que hicieron sufrir a algunos. Pero mi mamá no perdió la esperanza y siempre oraba por mí.

Hoy, en el Evangelio, puedo ver una relación fuerte entre la hija de Jairo y yo, el hijo de Juana. Jairo sabe que su hija está muerta, sabe que él no puede hacer nada, pero no pierde la esperanza, recurre a Dios, le pide ayuda. Jesús, sin mediar palabra, lo sigue a su casa en busca de la niña. Mi mamá oraba por mí, estaba preocupada, quería un cambio en mi vida y sabía que ella sola no lo podía hacer, por lo tanto, buscaba a Jesús y Él, sin mediar palabra, fue a buscarme. La oración es el medio por la cual podemos ayudar a los demás cuando sabemos que físicamente no podemos hacer nada, pero tenemos que tener la fe real que Jesús al ir a buscar a esa persona.

Jesús, cuando entra en la casa, ve la realidad, una niña muerta en su funeral. Él entra a la habitación y tomándola de la mano la vuelve a la vida. Pero su vida será diferente, ya no es la misma porque ahora ha visto a su Dios. La niña, cuando se levanta, ve a Jesús y ahora vive con la consciencia de que Él es el Cristo.

Yo podría decir que estaba muerto y que tenía mi funeral, con todas aquellas personas que ya no tenían esperanzas en mí o aquellas que avalaban mis actos. Pero Cristo entró a mi casa, a mi vida, Cristo tomó mi mano y me resucitó. El verdadero encuentro con Cristo implicó para mí una resurrección, dejar la vida que tenía por una con la consciencia de que Jesús es mi Dios. El encuentro con Cristo es nuestra resurrección, es dejar la vida pasada por una vida cristiana por Él.

Dejémonos encontrar por Dios, dejémonos que toque nuestra mano y oremos mucho para que otros puedan encontrarse con Él, para que otros puedan resucitar como nosotros.

«Dentro del relato de este milagro, Marcos incluye otro: la curación de una mujer que sufría de hemorragias y se cura en cuanto toca el manto de Jesús. Aquí impresiona el hecho de que la fe de esta mujer atrae —a mí me entran ganas de decir “roba”— el poder divino de salvación que hay en Cristo, el que, sintiendo que una fuerza “había salido de Él”, intenta entender qué ha pasado. Y cuando la mujer, con mucha vergüenza, se acercó y confesó todo, Él le dice: “Hija, tu fe te ha salvado”. Se trata de dos relatos entrelazados, con un único centro: la fe, y muestran a Jesús como fuente de vida, como Aquél que vuelve a dar la vida a quien confía plenamente en Él. Los dos protagonistas, es decir, el padre de la muchacha y la mujer enferma, no son discípulos de Jesús y sin embargo son escuchados por su fe. Tienen fe en aquel hombre. De esto comprendemos que en el camino del Señor están admitidos todos: ninguno debe sentirse un intruso o uno que no tiene derecho. Para tener acceso a su corazón, al corazón de Jesús hay un solo requisito: sentirse necesitado de curación y confiarse a Él. Yo os pregunto: ¿Cada uno de vosotros se siente necesitado de curación?»
(Homilía de S.S. Francisco, 1 de julio de 2018).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Encomendar a una persona que amo a nuestro Señor.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

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