Olvidamos que a quien estamos siguiendo es una Persona

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

A lo largo de nuestra vida es muy fácil convertir el seguimiento de Jesucristo en una especie de seguimiento “manualístico” …, un seguimiento normativo. Olvidamos que a quién estamos siguiendo es a una Persona…, una Persona real.

Es muy fácil convertirlo en una actividad social o de relajación de conciencia. Vamos a misa simplemente porque es domingo o por una invitación familiar. Seguimos una cierta moral y nos comportamos como debemos de comportarnos simplemente para no desentonar. Evidentemente ir a misa está bien, al igual que comportarnos correctamente; sin embargo, si sólo se hace porque “así lo dicen” o porque “lo tengo que hacer” llegará un día en que nos cansaremos…, nos aburriremos…tiremos el manual a la basura.

Jesús cuando dice “me honran con sus labios, pero su corazón está fuera de mí” lo dice con dolor, con tristeza, lo dice así pues realmente lo siente, ¡Él es una persona realmente! No es una metáfora o una moraleja que nos ayuda a comportarnos; no es el seguimiento de una norma lo que le interesa. Le interesa la razón por la cual vivimos. Jesús quiere que vivamos por una sola razón, pues sabe que esa razón no cansa, no aburre, no la podemos tirar a la basura; quiere que vivamos por Amor.

El hipócrita que tiene doble cara, es un simulador. Jesús mismo, hablando de estos doctores de la ley, afirma que ellos dicen y no hacen. Y esta es otra forma de hipocresía, es un nominalismo existencial: los que creen que, diciendo las cosas, lo arreglan todo. No, las cosas hay que hacerlas, no sólo decirlas. En cambio el hipócrita es un nominalista, cree que con decir las cosas ya se hace todo. Además el hipócrita es incapaz de acusarse a sí mismo: jamás encuentra una mancha en sí mismo; acusa a los demás. Pensemos en la paja y en la viga: precisamente así podemos describir esta levadura que es la hipocresía.
(Homilía de S.S. Francisco, 14 de octubre de 2016, en santa Marta).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Renovar mi seguimiento a Jesucristo ofreciéndole todo mi día y esforzándome por hacer, conscientemente, las actividades de mi día por amor a Él.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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