¿Por qué la Iglesia celebra concilios ecuménicos?

Por: Andrés Jaromezuk | Fuente: Catholic-link.com 

En sus veinte siglos de historia, la Iglesia ha atravesado numerosas crisis, ya sea por divisiones internas o por amenazas externas, y todas ellas las ha superado con la especial asistencia del Espíritu Santo. Cada vez que un error doctrinal generó confusión en los fieles, cada vez que los miembros de la Iglesia se mundanizaron relajando su disciplina, o toda vez que fue necesario corregir la estructura eclesiástica para recomponer su función de madre y maestra; allí hallamos la labor de un concilio ecuménico que aportó aire y nuevo impulso evangélico a la Nave de Pedro.

En estas situaciones, y cuando la problemática involucró a la Iglesia universal, el Papa –o en los siete primeros concilios, el emperador con legitimación papal–, convocó a los obispos del mundo a un concilio ecuménico que tomó las medidas para superar la coyuntura.

Según el derecho canónico, solo el Romano Pontífice puede  convocar a este tipo de concilio, presidirlo personalmente o por medio de otros, trasladarlo, suspenderlo o disolverlo, y aprobar sus decretos (338 § 1). De igual forma, solo él tiene la potestad de determinar qué cuestiones de van a tratar y bajo qué reglamento (338 § 2). A estos temas los obispos pueden agregar otros con la aprobación papal. Los obispos que forman parte del Colegio Episcopal tienen el derecho y el deber de asistir al concilio ecuménico con voto deliberativo (339 § 1), aunque otras personas que carecen de la dignidad episcopal pueden también ser llamados a participar en el Concilio por la autoridad suprema de la Iglesia, a la que corresponde determinar la función que deben tener en el Concilio (339 § 2).

En 2000 años de existencia, la Iglesia ha realizado veintiún concilios universales que abordaron los más diversos temas y respondieron a las más complejas circunstancias.  En este post te acercamos los nueve concilios ecuménicos que a nuestro juicio son los más importantes y célebres en la historia de la Iglesia. Esperamos que el recurso te sirva para conocer, amar y confiar aún más en Cristo y su Iglesia

*Si quieres ampliar tu información sobre estos y otros concilios puedes consultar las siguientes obras de la colección: «Historia de la Iglesia» de la Biblioteca de Autores Cristianos, «Edad Antigua» de Jesús Álvarez Gómez, «Edad Media» de José Sánchez Herrero, «Edad Moderna» de José García Oro y «Época Contemporánea» de Juan María Laboa.

1. Concilio de Nicea

Este célebre concilio celebrado en el año 325 dC y organizado por el emperador Constantino fue convocado para contrarrestar le expansión de la herejía arriana.Arrio, entonces presbítero de Alejandría, promovía una concepción según la cual Cristo no era Dios y hombre sino un ser intermedio, una encarnación de una criatura intermediaria (Logos) entre Dios y el mundo material, pero no la Segunda Persona de la Trinidad.

Frente a la extensión de esta doctrina, cerca de 200 obispos –mayoritariamente orientales– fueron convocados en una gran asamblea para discutir el problema durante cerca de dos meses. El resultado de este concilio fue el Credo niceno que afirmó categóricamente que el Hijo era “Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado, de la misma naturaleza que el Padre”. Al utilizar esta definición se apartaba la noción de una criatura creada desde la nada, y se enfatizaba que el Hijo era Dios en sentido pleno, procedente del Padre y existente desde la eternidad. De esta manera se establecía un criterio ortodoxo y una uniformidad en las creencias que evitaran la propagación del error.

2. Concilio de Constantinopla

En 381 dC se llamó a un segundo concilio ecuménico para tratar una serie de dificultades que habían surgido con posterioridad al Concilio de Nicea. Del arrianismo que negaba la divinidad del Hijo se derivaron otras doctrinas como el macedonianismo que negaba la divinidad del Espíritu Santo y que habían conseguido adeptos en las regiones de Tracia y Bitinia. Ante esta situación el emperador Teodosio cedió a la insistencia de los obispos orientales y convocó a un concilio al cual asistieron 150 representantes. La asamblea aprobó el Credo niceno-constantinopolitano que agregaba al Credo niceno cláusulas sobre la divinidad de Espíritu Santo y su obra salvífica.

3. Concilio de Éfeso

Celebrado en 431 dC fue establecido por el emperador de Oriente Teodosio II para facilitar la conciliación entre posturas divergentes que habían surgido en torno al título “Madre de Dios” aplicado a la Virgen María y a las dos naturalezas de Cristo.

Nestorio, obispo de Constantinopla, era partidario de referirse a María como “Madre de Cristo” para distinguir su maternidad respecto a la naturaleza humana de Jesús. La comunidad cristiana de Alejandría, encabezada por el patriarca Cirilo, se opuso a esta definición por considerar que recaía en una negación de las dos naturalezas de Cristo y afirmaron “una es la naturaleza del Logos divino encarnado”. La solución que propusieron generó otra división porque terminaba por disolver la humanidad de Cristo en la divinidad. Frente a estas posturas, la iglesia oriental se dividió entre los partidarios de Antioquía que reprocharon a Cirilo no hacer hincapié en la dualidad de Dios y de hombre de Cristo, los partidarios de Alejandría que condenaban las tesis de Nestorio y, finalmente, los nestorianos que pujaban por imponer su concepción. Así, tres posturas se enfrentaban en esta comunidad primitiva. El concilio terminó por condenar la tesis de Nestorio y confirmar el título de “Madre de Dios” aplicado a María.

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