¡Quiero ver a Dios!

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Escuchamos muchas veces hablar de Dios. En las homilías, en ciertas clases…, escuchamos críticas, negaciones, etc… Al final todo esto sale sobrando pues lo que nos interesa de verdad, no es escuchar lo bueno o lo malo, sino que nos interesaconocerlo…, conocer a Dios.

En este camino de conocimiento de Dios hay experiencias que no se pueden explicar pues es algo que cada uno, personalmente, conoce. Hay sentimientos, hay certezas… Experimentamos que hay cosas en las que no se sabe el por qué pero lo que sí se sabe es que vienen de Dios. Al final llegamos a un punto en donde nos surge casi de manera natural: ¡quiero verte!…,¡Quiero ver a Dios!

En la transfiguración, Jesús oye esta petición venida desde el corazón de los apóstoles y decide mostrarse como nadie jamás lo ha visto. Pero ante nuestra petición, ¿qué sucede?

Es verdad que ahora en esta vida nuestra visión de Dios continuará siendo velada, sin embargo, Dios se sigue mostrando, se sigue transfigurando. Lo hace de una manera sutil y sencilla, lo hace en la belleza de la naturaleza, en el rostro del pobre…, lo hace aun en el sufrimiento y en el dolor y, sobre todo, de manera única en la Eucaristía.

Nos hace falta detenernos y estar más pendientes pues no hay que olvidar que es de Él la iniciativa de mostrarse…, antes que la nuestra de buscarle.

Esta esperanza, que la Palabra de Dios reaviva en nosotros, nos ayuda a tener una actitud de confianza frente a la muerte: en efecto, Jesús nos ha mostrado que esta no es la última palabra, sino que el amor misericordioso del Padre nos transfigura y nos hace vivir en comunión eterna con Él. Una característica fundamental del cristiano es el sentido de la espera palpitante del encuentro final con Dios.
(Homilía de S.S. Francisco, 3 de noviembre de 2017).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hacer una visita a la Eucaristía pidiendo la gracia de ver el rostro de Dios en los detalles del día a día.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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