Rostros vemos. corazones no sabemos

Por: Marín Antonio Cruz, L.C. | Fuente: Virtudes y Valores

Miriam llegó finalmente al Santuario de Medjugorie, después de una larga caminata, estaba rodeada de un grupo de italianos, entonces entró en una sala de espera.

-Me puedo sentar aquí por un momento. –Preguntó.

-Apenas terminó de hablar, llovió una cantidad de reclamos, gritos e insultos….

-¡Vallase de aquí!, ¡Aquí solo la gente de nuestro grupo!, ¡Esto está ocupado, qué no ve!, ¡Que se valla de aquí! –Respondieron entre otras cosas los peregrinos.

Desde el fondo un niño alzó la voz:
-Mamá esa es una de la videntes, puedo ir a saludarla.

Como si un rayo hubiese dividido la historia, todos cambiaron de aspecto, se corrió la noticia de boca en boca, y de boca en gritos.

-Miriam, por favor, sintiese, ¿Quieres algo?

-¿Por favor, Miriam puedo hablar contigo en particular?

Aquella mujer permaneció en pie y dirigió la palabra a los presentes:

“Queridos amigos, me he dado cuenta que en este mundo hay muchos juicios y poco amor, me pregunto qué hubiese pasado si algún ateo en busca de la fe y le hubiese pasado lo mismo que a mí, ¿Se hubiera convertido por su testimonio o hubiera reforzado su ateísmo?”(Encuentro mariano, Boloña, Italia, 13 de Marzo del 2010, intervención de Miriam).

La caridad cristiana implica romper todo juicio y compartir el amor de Cristo a todos.
Que admirables son esas personas que saben reconocer lo bueno de los demás y perdonar lo malo, basta con hacer mención de los grandes personajes de la historia que han sufrido y perdonado como Cristo: Juan Pablo II ante Alí Acka o Nelson Mandela después de 30 años de cárcel, son hombres de corazones abierto al perdón y por tanto a la verdad.

Dice la sabiduría popular: “Rostros vemos, corazones no sabemos”

Se cuenta también al respecto que un alumno de San Alberto Magno fue interrogado por su maestro durante una “Questio disputata” este alumno era silencioso, humilde y muy reservado, tanto que era llamado el “buey mudo”, pues bien, el aprendiz resolvió todo con tanta profundidad y claridad que Alberto Magno exclamó:

“Este que nosotros llamamos “buey mudo”, mugirá tan fuerte que se hará escuchar en todo el mundo”.

Este personaje prejuzgado por algunos como alguien silencioso, callado, como un “buey mudo”, fue el grande Santo Tomás de Aquino, que hoy se estudia en las universidades e institutos del mundo, en los ámbitos de filosofía, teología, psicología, gnoseología, etc.

Verdaderamente “Rostros vemos, corazones no sabemos”

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