“ser del mundo” significa, en definitiva, “no ser de Dios”

Fernando Prado, cmf

Queridos amigos,

En el evangelio de Juan aparece varias veces la expresión “ser del mundo”. Comprendemos a qué se refiere: “ser del mundo” significa, en definitiva, “no ser de Dios”. El evangelio de hoy nos invita a comprender que ese camino del mundo no es el nuestro. La mundanidad –como nos dice tantas veces el papa Francisco– es un peligro en el que el seguidor de Jesús nunca ha de caer, aunque a veces este “no ser del mundo” y “ser de Dios”, nos traiga cierta dosis de rechazo social, incluso cierto distanciamiento de los nuestros.

Quien camina detrás de Jesús se ha puesto sus sandalias y no puede sino recorrer su mismo camino. Seguir a Jesús nos va configurando más y más con su vida. Cuanto más le seguimos, más asimilamos sus gestos, sus palabras, su corazón… sus criterios. El “hombre viejo” va dejando paso a un “hombre nuevo”, renaciendo a una vida más plena, más santa. Nuestra vida, nuestros comportamientos, nuestros valores comienzan a ser diferentes (tantas veces distantes) de los de aquellos que (todavía) no han conocido de corazón al Señor.

Es lógico que este ser cada vez “más de Dios” y “menos del mundo” haga que nuestra vida contraste con la de nuestros coetáneos y se convierta en “provocativa”. Para bien y para mal. Este tipo de distanciamiento no es estéril. Lo mismo que a veces provoca rechazo –odio, dice Jesús– no menos cierto es que, muchas veces, la vida cristiana se convierte en una llamada, en una convocatoria, en un testimonio vivo capaz de seducir a otros. Y si no es así, quizá nos deberíamos preguntar si estamos viviendo nuestra vida cristiana con el mordiente y la tensión debida. Cuando la vida cristiana no provoca, uno tiene que preguntarse si acaso no está contaminada por esa “mundanidad”.

Por otro lado, ese distanciamiento fecundo respecto al mundo, no significa que los cristianos hayamos de ser unos frikis, gente extravagante o inadaptada. Ser contraculturales (proféticos, podríamos decir) no significa ser unos bichos raros. El cristiano es alguien normal que, con temor y temblor pero con decisión, quiere caminar por la misma senda que Jesús, denunciando el mal y anunciando un mundo mejor, más humano, más digno, más a la medida del maestro, más de Dios.

No te preocupes demasiado si corres el mismo destino que el maestro, o si alguien te odia por seguir a Jesús. Puede que esa sea, precisamente, la prueba de que estés acertado. Preocúpate más bien de defenderte y no caer en las redes del “príncipe de este mundo” que, sin duda, buscará mil formas de apagar tu determinación de ser “más de Dios” para atraerte hacia esa estéril mundanidad.

Te deseo un feliz día. Que el Señor te bendiga.

 

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