Todo el mundo te busca

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Es maravilloso contemplar los milagros de Jesús, aunque sea a través de breves miradas: “curó a muchos enfermos de diversos males”. No sabemos exactamente cómo curó a cada uno de los que le presentaron, pero de lo que estamos seguros es que Él tenía el poder para sanarlos. La gente de los pueblos lo sabía y por eso lo buscaban. “Jesús me puede ayudar- pensaban- Él sí y nadie más que Él”. Iban a Jesús, se presentaban ante Él y su confianza no era en vano.

Aunque, hoy por hoy, no vemos a Jesús caminando por las calles sino con los ojos de la fe, Él también está en medio de nosotros con ese mismo poder, con ese mismo amor, con ese mismo deseo de ayudar. Hace falta que nosotros le busquemos con empeño, que vayamos y nos postremos ante Él. Jesús recompensa la confianza y el abandono total en sus manos, pues se muere de ganas de encontrar un alma necesitada de su amor, un alma a la cual se pueda donar sin medida.

Jesús nos espera; vayamos hacia Él.

Jesús que vino en la tierra para anunciar y realizar la salvación de todo el hombre y de todos los hombres, él demuestra una particular predilección por aquellos que están heridos en el cuerpo y en el espíritu: los pobres, los pecadores, los endemoniados, los enfermos, los marginados. Él así se revela médico, sea de las almas que de los cuerpos, buen samaritano del hombre, es el verdadero salvador. Jesús salva; Jesús cura; Jesús sana.
(Homilía de S.S. Francisco, 8 de febrero de 2015).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Agradecer a Jesús todo lo que me ha dado esta última semana y haré una oración especial por los enfermos, para que encuentren en Cristo su consuelo y curación.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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