Una invocación confiada

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Notamos que aquí el Espíritu Santo es llamado ante todo «el Consolador». Y es necesario subrayar esto con alegría. Porque si bien es cierto que inmediatamente después se le llama «Espíritu de verdad», esta Palabra de vida nos pone en el buen camino, que básicamente nos dice dónde y cómo ser consolados en nuestro camino espiritual, no exentos de aridez y trabajo.

Sí, necesitamos consuelo. No somos héroes, sino hombres y mujeres en camino; el riesgo es buscar la «fuente» equivocada para nuestra sed y entrar en pequeñas o grandes confusiones, precisamente porque, cuando necesitamos ser consolados, a veces no comprendemos que es el Espíritu de la verdad, el Espíritu Santo mismo quien da testimonio de que Jesús es el Camino. Jesús la Verdad, Jesús la Vida.

En este acercamiento a la solemnidad de Pentecostés, es importante que el deseo, la invocación confiada de la venida del Consolador, sea revivido en nosotros. Sin Él, ¿cómo podemos dar testimonio de nuestra fe en Jesús? Es el Espíritu Santo quien infunde en nosotros la luz necesaria para escuchar, acoger y vivir la Palabra. Es el Espíritu Santo quien transmite en nosotros la gracia de vivir de acuerdo con lo que hemos escuchado.

Hoy, desde tu corazón, pídele al Espíritu que sea tu Consolador; es más: pídele que lo reconozcas como tal y por tanto que lo invoques con esa confianza sencilla y perseverante que es propia del «niño destetado en los brazos de la madre», de la que nos instruye el salmista.

«Para ello, no tengáis miedo de pedir con insistencia, en vuestra oración y con vuestra participación a los sacramentos, la ayuda del Espíritu Santo para que os sea dado “un espíritu de santidad que impregne tanto la soledad como el servicio, tanto la intimidad como la tarea evangelizadora, de manera que cada instante sea expresión de amor entregado bajo la mirada del Señor”.»
(Homilía de S.S. Francisco, 12 de mayo de 2018).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama. 

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Procurar invocar al Espíritu Santo antes de iniciar cada una de mis actividades cotidianas.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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