Desconfiar de uno mismo

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

¡Cuánto mal hace en el mundo el exceso de confianza en uno mismo! Detrás de ello no se esconde otra cosa que la soberbia. El cristiano está llamado a poner sus esperanzas sólo en Dios. Es Él nuestra fuerza, el centro de nuestra existencia y, al mismo tiempo, quien nos empuja a salir de nosotros mismos al encuentro con el otro.

Ante ello, humildad. Es esta virtud la que nos permite no solamente dar a Dios el lugar que por derecho le corresponde, sino también reconocer en los demás a los hijos de Dios que comparten con nosotros el camino de regreso a la casa del Padre. El hombre humilde piensa dos veces antes de indicar a su hermano lo que debe hacer. Desconfía de sí, dialoga con Dios y sólo después de ello guía a su hermano. Así se evita caer en el hoyo. Más aún, ¡así se cruza el hoyo hombro con hombro!

Por eso es por lo que antes de querer auxiliar al prójimo debe uno discernir cómo se encuentra su propia alma. No quiere decir esto desentenderse del prójimo bajo la falsa pretensión de no estar en condiciones de ayudarlo. Sí quiere decir examinar nuestra conciencia para saber si la ayuda que deseo proporcionar nace de una intención recta, de un deseo sincero de agradar a Dios.

«Un guía no puede ser ciego, sino que debe ver bien, es decir, debe poseer la sabiduría para guiar con sabiduría, de lo contrario corre el peligro de perjudicar a las personas que dependen de él. Así, Jesús llama la atención de aquellos que tienen responsabilidades educativas o de mando: los pastores de almas, las autoridades públicas, los legisladores, los maestros, los padres, exhortándoles a que sean conscientes de su delicado papel y a discernir siempre el camino acertado para conducir a las personas. Y Jesús toma prestada una expresión sapiencial para indicarse como modelo de maestro y guía a seguir: “No está el discípulo por encima del maestro. Todo el que esté bien formado será como su maestro”. Es una invitación a seguir su ejemplo y su enseñanza para ser guías seguros y sabios».
(Homilía de S.S. Francisco, 3 de marzo de 2019).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Cuando se me presente la ocasión de ayudar a alguien, buscaré sondear mi corazón para asegurarme que mi apoyo es desinteresado y genuino.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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