El Papa Francisco en Miércoles de Ceniza: Cuaresma invita a redescubrir “el secreto de la vida”

Al presidir este 14 de febrero, día en que la Iglesia Católica recuerda a San Valentín, la Misa de Miércoles de Ceniza al inicio de la Cuaresma 2024, el Papa Francisco señaló que este tiempo invita a redescubrir “el secreto de la vida”, es decir que anima a volver a Dios con todo el corazón, a través de la oración, el ayuno y la limosna.

La Misa se inició alrededor de las 11:00 a.m. (hora local) en la Basílica de Santa Sabina —junto a la que vivió Santo Tomás de Aquino— luego de la oración en la Iglesia de San Anselmo y de la tradicional procesión que se hace desde allí, presididas por el Penitenciario Mayor de la Iglesia, Cardenal Mauro Piacenza.

En su homilía en Santa Sabina, basílica ubicada en la colina Aventino –una de las siete colinas sobre las que se fundó Roma– el Santo Padre destacó que “la ceniza puesta sobre nuestra cabeza nos invita a redescubrir el secreto de la vida”.

“Nos advierte: mientras sigas usando una armadura que cubre el corazón, camuflándote con la máscara de las apariencias, exhibiendo una luz artificial para mostrarte invencible, permanecerás vacío y árido”.

En cambio, “cuando tengas la valentía de inclinar la cabeza para mirar tu interior, entonces podrás descubrir la presencia de un Dios que te ama desde siempre; finalmente se harán añicos las corazas que te has construido y podrás sentirte amado con un amor eterno”, indicó el Pontífice.

El Papa Francisco resaltó asimismo que “si en la ceniza que somos arde el fuego del amor de Dios, entonces descubrimos que estamos modelados por este amor y que somos llamados al amor; que se concretiza en amar a los hermanos que tenemos a nuestro lado, estar atentos a los demás, vivir la compasión, ejercitar la misericordia, compartir lo que somos y lo que tenemos con quien lo necesita”.

Por eso, alertó el Santo Padre, “la limosna, la oración y el ayuno no pueden reducirse a prácticas exteriores, sino que son caminos que nos reconducen al corazón, a lo esencial de la vida cristiana”.

Cuaresma: Tiempo para volver al corazón

El Papa Francisco señaló además que en Cuaresma es Jesús quien invita a cada fiel a entrar “en lo secreto” para “volver al corazón”: se trata “de un viaje desde el exterior al interior, para que todo lo que vivamos, incluso nuestra relación con Dios, no se reduzca a la exterioridad, a un marco sin pintura, a un revestimiento del alma, sino que nazca desde dentro y se corresponda con los movimientos del corazón; es decir, con nuestros deseos, con nuestros pensamientos, con nuestro sentir, con el núcleo originario de nuestra persona”.

“La cuaresma nos sumerge entonces en un baño de purificación y de despojamiento; quiere ayudarnos a quitar todo ‘maquillaje’, todo aquello de lo que nos revestimos para parecer adecuados, mejores de lo que realmente somos”, subrayó.

El Santo Padre indicó además que “volver al corazón significa volver a nuestro verdadero yo y presentarlo tal como es, desnudo y despojado, frente a Dios. Significa mirarnos por dentro y tomar conciencia de quiénes somos realmente, quitándonos las máscaras que a menudo usamos, disminuyendo el ritmo de nuestro frenesí, abrazando la verdad de nosotros mismos”.

Una advertencia del Papa Francisco sobre lo “social”

El Santo Padre advirtió luego ante la tendencia actual de vivir pensando en “hacernos notar”, en la “necesidad” de “ser admirados y apreciados”.

“Sin darnos cuenta, nos encontramos sin contar más con un lugar secreto donde detenernos y custodiarnos a nosotros mismos, inmersos en un mundo en el que todo, incluso nuestras emociones y sentimientos más íntimos, debe volverse “social” —pero, ¿cómo puede ser social lo que no brota del corazón?—“, cuestionó.

“Hasta las experiencias más trágicas y dolorosas corren el riesgo de no tener un lugar secreto que las custodie: todo debe ser expuesto, ostentado, entregado al parloteo del momento. Y es aquí cuando el Señor nos dice: entra en lo secreto, vuelve al centro de ti mismo”, recomendó el Papa Francisco.

Tras animar a escuchar la voz del Señor dejando espacio “para la oración silenciosa de adoración”, el Pontífice animó finalmente a reconocerse ante Él “por lo que somos: polvo amado por Dios, y gracias a Él renaceremos de las cenizas del pecado a la vida nueva en Jesucristo y en el Espíritu Santo”.

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