No ha nacido ningun hombre mas grande

La Iglesia celebra hoy la Natividad de San Juan Bautista, de quien Jesús dijo que “no ha nacido ningún hombre más grande”. Pero también dijo que “sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él”. Esto nos muestra lo importante que somos para el Señor sus seguidores ¿Podemos ver el privilegio y la grandeza de ser cristianos? Jesús nos considera Grandes, Importantes, solo por el hecho de ser cristianos y cristianas de verdad.

Contemplar esta realidad debe llenar nuestros corazones de Esperanza y de un humilde sentimiento de gratitud. El nacimiento del Bautista fue sobrenatural. Al igual que el nacimiento de Jesús, fue anunciado por el Angel Gabriel a Zacarías su padre. Desde el principio estuvo consagrado a Dios, y su misión fue Preparar el Camino al Señor, anunciar la conversión y señalar al Mesías esperado por el pueblo de Dios.

Vivió una vida austera, mayormente en el desierto, predicando y bautizando y proclamando que estaba cerca el Reino de Dios. Esto le costó la vida, cuando Herodes lo apresó y lo mandó a decapitar. Juan era definitivamente un hombre santo. Vivió y murió consagrado al Señor hasta el martirio, sin renegar de la Fe. Pero Juan también tuvo dudas de Fe. Este hombre santo, en una ocasión le mandó a preguntar a Jesús si 80 Tuve hambre y me diste de comer 81 Él era el que había de venir o debían esperar a otro.

¿Y cuál fue la respuesta de Jesús? Jesús No le recriminó su duda, ni le reprochó su momentánea falta de Fe. Recordemos que en ese momento Juan se encontraba Preso por Herodes, y era natural que en esa dificultad y sentimiento de abandono, surgiera la duda en su corazón. Jesús le respondió: “díganle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio”, es decir, los signos que, según el Antiguo Testamento,acompañan al Mesías enviado por Dios.

A veces atravesamos situaciones difíciles en lo económico, problemas familiares, situaciones de peligro a nuestra seguridad, enfermedades o situaciones de pecado que nos ponen en contacto con nuestra fragilidad humana. En esos momentos es fácil que aflore la duda en nuestras mentes, y empecemos a olvidar las promesas de Dios, porque estamos en nuestra hora de debilidad. Es ese justo el Momento de Recordar en nuestras mentes y corazones todo lo que Dios ha hecho en nuestras vidas.

Cómo nos ha librado de enfermedades en el pasado, y cómo suple a nuestras necesidades. Pidamos al Señor la Gracia de ser como Juan el Bautista, consagrados a Dios por toda nuestra vida, y fieles hasta la muerte. Al final, nos encontraremos cara a cara con Jesús, y gozaremos de las delicias de la Gloria en su Presencia eternamente.

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