¿Rezo solo cuando necesito algo?, cuestiona el Papa en la Epifanía 2022

Antes de dirigir el rezo del Ángelus este 6 de enero, Solemnidad de la Epifanía, el Papa Francisco invitó a abandonar la pretensión de autosuficiencia para adorar a Jesús con humildad y no rezar solamente cuando necesitamos algo.

Al reflexionar en la figura de los Reyes Magos el Santo Padre explicó que “la adoración pasa por la humildad de corazón” y advirtió que “quien tiene el afán de adelantar, no nota la presencia del Señor. Jesús pasa cerca y es ignorado, como les sucedió a muchos en aquel tiempo, pero no a los magos”.

Por ello, el Papa alentó a abondonar “nuestra pretensión de autosuficiencia” porque “si nos hacemos pequeños por dentro, redescubriremos el asombro de adorar a Jesús”.

En esta línea, el Santo Padre sugirió cuestionarnos “¿Cómo está mi humildad? ¿Estoy convencido de que el orgullo impide mi progreso espiritual? Ese orgullo, expresado o escondido, que siempre cubre el impulso hacia Dios. ¿Trabajo sobre mi docilidad, para estar disponible para Dios y los demás, o estoy siempre centrado en mí mismo y en mis exigencias? ¿Sé dejar de lado mi punto de vista para abrazar el de Dios y el de los demás? Y finalmente, ¿rezo y adoro solo cuando necesito algo, o lo hago constantemente porque creo que siempre necesito a Jesús?”.

“Los magos comenzaron el camino mirando la estrella y encontraron a Jesús. Caminaron mucho. Hoy podemos recibir este consejo: mira la estrella y camina. No dejen nunca de caminar, no dejen de mirar la estrella. Este es el consejo de hoy, fuerte: mira la estrella y camina, mira la estrella y camina”, afirmó el Papa.

Además, el Santo Padre invitó a reflexionar en la Solemnidad de la Epifanía que los magos emprendieron un largo viaje bajo la guía del “signo prodigioso de una estrella, y cuando al final llegaron a la meta, en lugar de encontrar algo prodigioso, ven a un niño con su madre” y añadió “podrían haber protestado: ‘¿Todo un largo camino y tantos sacrificios para ver a un niño pobre?’. Y, sin embargo, no se escandalizan y no se sienten defraudados. No se quejan, se postran. Entraron en la casa -dice el Evangelio-; vieron al niño con su madre María y, postrándose, le adoraron”.

¡Pensemos en estos sabios que llegan de lejos, ricos, cultos y famosos, y se postran, es decir, se inclinan hasta el suelo para adorar a un niño! Sorprende este gesto tan humilde de hombres tan ilustres. Postrarse ante una autoridad que se presentaba con los signos del poder y la gloria era normal en aquellos tiempos. E incluso hoy no sería extraño. Pero frente al Niño de Belén no es fácil. No es fácil adorar a este Dios, cuya divinidad permanece oculta y no parece triunfante. Significa acoger la grandeza de Dios, que se manifiesta en la pequeñez”, indicó el Papa

En esta línea, el Santo Padre sugirió cuestionarnos “¿Cómo está mi humildad? ¿Estoy convencido de que el orgullo impide mi progreso espiritual? Ese orgullo, expresado o escondido, que siempre cubre el impulso hacia Dios. ¿Trabajo sobre mi docilidad, para estar disponible para Dios y los demás, o estoy siempre centrado en mí mismo y en mis exigencias? ¿Sé dejar de lado mi punto de vista para abrazar el de Dios y el de los demás? Y finalmente, ¿rezo y adoro solo cuando necesito algo, o lo hago constantemente porque creo que siempre necesito a Jesús?”.

“Los magos comenzaron el camino mirando la estrella y encontraron a Jesús. Caminaron mucho. Hoy podemos recibir este consejo: mira la estrella y camina. No dejen nunca de caminar, no dejen de mirar la estrella. Este es el consejo de hoy, fuerte: mira la estrella y camina, mira la estrella y camina”, afirmó el Papa.

Además, el Santo Padre invitó a reflexionar en la Solemnidad de la Epifanía que los magos emprendieron un largo viaje bajo la guía del “signo prodigioso de una estrella, y cuando al final llegaron a la meta, en lugar de encontrar algo prodigioso, ven a un niño con su madre” y añadió “podrían haber protestado: ‘¿Todo un largo camino y tantos sacrificios para ver a un niño pobre?’. Y, sin embargo, no se escandalizan y no se sienten defraudados. No se quejan, se postran. Entraron en la casa -dice el Evangelio-; vieron al niño con su madre María y, postrándose, le adoraron”.

¡Pensemos en estos sabios que llegan de lejos, ricos, cultos y famosos, y se postran, es decir, se inclinan hasta el suelo para adorar a un niño! Sorprende este gesto tan humilde de hombres tan ilustres. Postrarse ante una autoridad que se presentaba con los signos del poder y la gloria era normal en aquellos tiempos. E incluso hoy no sería extraño. Pero frente al Niño de Belén no es fácil. No es fácil adorar a este Dios, cuya divinidad permanece oculta y no parece triunfante. Significa acoger la grandeza de Dios, que se manifiesta en la pequeñez”, indicó el

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