Soplaron vientos contra la casa, pero no cayó

Ayer no leíamos del libro del Génesis porque la solemnidad tenía sus propias lecturas; por ello nos hemos perdido un poco de la historia de Abraham y sus hijos. Como la promesa de ser padre de multitudes no se ve realizada, y Abraham y Sara se van haciendo muy mayores, Sara le pide a Abraham que tenga un hijo con su esclaba Hagar.

Lo que sucede después, y nos lo ha contado la lectura de hoy es algo “normal”, algo muy humano, nacen los deseos de subir y ascender de una, y los celos y rechazos por parte de la otra. Pero también vemos algo que sucedió entonces y sigue sucediendo hoy: “Dios escribe derecho en las líneas torcidas”. Dios se sigue haciendo presente por medio de las miserias humanas.

Debemos tener los ojos y los oídos bien abiertos porque Dios sigue actuando por caminos que nos parecen sorprendentes, porque Él es original y escapa a nuestras medidas: “mis caminos no son sus caminos”. Por otra parte, vemos cómo Dios bendice también al hijo de la esclava, de Hagar, y también de él nacerá un gran pueblo. La bendición de Dios ha estado siempre con toda la humanidad, no solo con el pueblo judío. Como lo está hoy, no solo en la Iglesia sino en toda persona de buena voluntad. Por eso no podemos dejar fuera de la salvación a nadie, por el hecho de que no sea de los nuestros, de nustra Iglesia.

¿Cuantas veces hemos leído esta comparación que nos hace Jesús en el evangelio leído hoy? Una comparación que manifiesta de una forma sencilla cuánto nos cuesta a los Cristianos hacer lo que Él nos dice. Hemos escuchado su palabra, el Espíritu Santo nos impregnó con su amor infinito, hemos tenido encuentros íntimos con el Señor y todavía seguimos contruyendo nuestras vidas sobre arena.

Por eso Jesús nos hace esta comparación pues conoce nuestra humanidad frágil y que solo nuestra forma de vivir será la que verdaderamente nos haga realizar una conversión total. 82 Tuve hambre y me diste de comer 83 Dejemos que sea el Señor que construya en nuestro corazón las ganas de vivir un evangelio de “hechos”, no de palabras. Donde nuestros actos en esta tierra sean el reflejo de un Cristo vivo.

Related posts

*

Top